Destrucción del PLD a causa de la crisis y división del PRD

Santo Domingo.- La crisis del actual sistema de partidos se origina a raíz de las elecciones del año 2004, cuando fruto de una grave crisis económica-financiera gestada en 1989, pero que estalló en 2003 y combinada con un impopular intento reeleccionista, el casi desaparecido Partido Revolucionario Dominicano (PRD), pierde de forma humillante las elecciones, a manos del poderoso y entonces opositor, Partido de la Liberación Dominicana (PLD), organización política que hasta el día de hoy, controla el poder ejecutivo y ampliamente el congreso, los ayuntamientos y gran parte del poder judicial.

A partir de ese acontecimiento, el PRD como principal partido opositor ha sido incapaz de encontrarse consigo mismo, por lo menos, lo suficiente para poder ganar las elecciones, aunque estuvo a punto de lograrlo, en las pasadas elecciones del 2012, hasta que fruto de la intervención abusiva y directa del Estado para imponer al candidato oficialista, Danilo Medina, el resultado volvió a ser “adverso” para el PRD…

Ahora bien, en el PLD, la crisis política y post-electoral del congreso elector del candidato presidencial en el año 2007, es el génesis de la presente división entre sus dos principales figuras, Leonel Fernández y Danilo Medina, quienes conscientes de la situación catastrófica que podría sobrevenirles a ellos y a su partido, producto de la lucha de tendencias, acordaron frizar los organismos del PLD durante el sexto, séptimo y octavo congresos (comités intermedios, bloques de intermedios y comité central) para poder controlar la creciente demanda clientelar de su base de sustentación, no sin antes hipertrofiar el comité central (máximo organismo deliberativo) llevándolo a más 600 miembros, aumentar sin control los intermedios, hasta llevarlos a tener en su seno, una militancia desordenada e insustentable de más de dos millones y medio de dominicanos, haciendo imposible la funcionalidad de los organismos de dirección, exceptuando el comité político, que también por las necesidades de poder y control del danilismo, ha sido ampliado notablemente.

Lo anterior, explica en parte por qué el PLD, ha pasado de ser un partido de cuadros a convertirse en maquinaria electoral, con una peligrosa tendencia a convertirse en Partido Único Dominicano. En el año 2001-2002, ese partido inició la transición hacia su transformación, cuando desde su 6to. Congreso, masifico su estructura y se dio una apertura sin precedentes. Conjuntamente con eso, la presidencia de ese partido, puesto vacante desde el 1994, cuando se produce el retiro de la política activa de Juan Bosch y Gavino, fue llenada con la elección de Leonel Fernández Reyna, después de un plebiscito aprobatorio que contó con el apoyo del 51% de los organismos de ese partido.

A partir de ahí, el PLD un partido que siempre aparecía muy debajo en las encuestas en su valoración y aceptación y Leonel Fernández, quien siempre estaba altamente valorado y con una aceptación enorme, muy por encima de su partido, se encontraron y se fundieron en uno solo; todo eso para posibilitar el fortalecimiento de esa joven agrupación política, unificando en una persona las condiciones necesarias para que el PLD pudiese comenzar a competir como partido y ganar las futuras elecciones.

La masificación fue tan lejos que a partir del 2005, comenzaron a alinearse claramente dos tendencias a lo interno de ese partido, situación que hasta ese momento no se conocía allí, descartada de plano desde la fundación del PLD por Juan Bosch, por considerar las tendencias como un tipo de política tradicional propia de otros partidos corrompidos y fracasados del sistema, pero no del PLD como partido emergente y opción alternativa.

La tendencia de Leonel o Leonelismo y la tendencia de Danilo o Danilismo, se comenzaron a disputar el control del PLD y las candidaturas a cargos electivos en medio del proceso electoral del 2006. Es así como un partido moderno, de cuadros, de organismos, de disciplina, de avanzada, comenzó a emular el caciquismo personalista de la política tradicional dominicana, anteponiendo siempre al jefe o figura más preponderante (santanismo vs. baecismo; horacismo vs. jimenismo; boschistas vs. balagueristas; peñagomistas vs. Jacobianos; jorgeblanquismo vs. guzmancismo, etc.) que a la propia organización o institución política.

Pero un elemento que cabe resaltar es que ningún grupo político personalista de nuestros pasados sistemas de partidos en la primera república (1844-1861), segunda república (1865-1916), tercera república (1924-1978) y ahora en esta cuarta república (A partir del 1978), sobrevivió a la muerte de su líder y la debacle de su base de sustentación. Desde que el Partido Nacional Liberal o Partido Azul se dividió entre Lilisistas y Moyistas (seguidores de Casimiro de Moya) primero y luego entre Lilisistas (ala moderada del Partido Azul) y Luperonianos (ala liberal) y las guerras civiles que en cada caso se suscitaron, el Partido Azul colapsó y a su desaparición, el cascarón quedó a manos del liderazgo único del presidente reeleccionista, Ulises Hereaux (Lilis), quien había sido el segundo líder y el estratega político-militar de los liberales (detrás del gran líder y visionario, Gregorio Luperón), llevándose la dictadura de Ulises Hereaux de paro al viejo Partido Rojo o Partido Nacional Conservador, fundado alrededor de la figura de Buenaventura Báez, organización política huérfana y atomizada en mil pedazos a la muerte de su líder en 1884 que, terminó siendo aliada clientelar y hasta absorbida por el ala moderada del Partido Azul (Lilisismo) al igual que el minúsculo Partido Verde o Partido Unionista de Ignacio María González, que fue aliado al sector o ala liberal del Partido Azul (Luperonismo)…Continuará!

2da. Parte

Igualmente la crisis política, posterior al asesinato del tirano Ulises Hereaux (Lilis) en 1899, se extendió por casi siete años, hasta principios del 1906. A la muerte de Hereaux, estalló una guerra civil que fue ganada ampliamente por Juan Isidro Jiménez y Horacio Vásquez Lajara (opositores a la dictadura de Lilis y ambos miembros del alicaído Partido Azul), quienes encabezaron un gobierno de “Unidad Nacional”, el primero como presidente y el segundo como vicepresidente, hasta que la ausencia de oposición (Lilisismo) al gobierno, por hallarse desarticulada, atomizada y sin cabeza a la muerte de Lilis, expandió tanto la lucha de intereses entre Jiménez y Vásquez que provocó un guerra civil entre el presidente y el vicepresidente, ambos líderes de ese movimiento de “Unidad Nacional”.

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El resultado de la guerra civil fue un autogolpe de Estado que depuso a Jiménez de la presidencia y Vásquez, autor directo del autogolpe, se autoproclamó como nuevo presidente de la república, originando de esa división, el nacimiento de dos grupos políticos personalistas principales, inspirados en el juego de gallos como especie de deporte nacional de esa época y en antiguos “partidos” existentes antes de la instauración dictadura lilisista en 1887: Los Bolos o Jimenistas, inspirados en el antiguo Partido Azul y Horacistas o Coludos inspirados en el viejo Partido Rojo. Hubo otros grupos políticos personalistas menores de tipo clientelar, pero sin mucha incidencia política.

Esa nueva crisis del sistema político, quedó diferida y controlada con la presidencia de Ramón Cáceres Vásquez entre 1906 y 1911, dando lugar a cinco años de paz, relativa prosperidad y estabilidad en todo el país. Pero con el asesinato del Presidente Cáceres en 1911, se reactivó la crisis política de la primera década del siglo XX y esta nueva versión de los recurrentes conflictos bélicos, se extendió en medio de guerrillas y cruentas guerras civiles, hasta el 1916-17, siendo sólo pospuesta por la intervención norteamericana desde 1916 hasta 1924, pero jamás fue resuelta; a partir de julio del 1924, con la llegada al poder por elección popular de Horacio Vásquez, el último de los viejos caudillos de principios de siglo, la crisis política y económica se re-estimuló, cumpliéndose un nuevo periodo de 6 o 7 años de crisis incubada gradualmente que estalla el 23 de febrero de 1930 (en octubre de 1929, el mundo conoció de la caída masiva de la bolsa de valores en Nueva York); con el golpe de Estado de ese 23 de febrero, se coloca de forma accidentada en el camino del destino nacional, al Gral. Rafael Leónidas Trujillo Molina, cuya ascendencia al poder, fue la solución final a la crisis del viejo sistema de partidos políticos y el inicio de un nuevo periodo de nuestra vida nacional, conocido tristemente como la “Era de Trujillo”.

Pero también hacia 1954-55, una crisis económica comienza a suceder en medio del régimen tiránico del generalísimo Rafael Leónidas Trujillo, a raíz de un ambicioso e imprudente programa de construcción masiva de obras públicas e infraestructuras que presionó demasiado el gasto público del gobierno de la época. Coincidió esta época con la histórica invasión de exiliados políticos del 14 de junio de 1959, mucha resistencia interna a la dictadura y un ligero cambio de la política de Estados Unidos hacia América, pasando de apoyar golpes de Estado y gobiernos militares de derecha, a flexibilizar sus intereses geopolíticos y favorecer cambios y transición hacia la democracia. En nuestro país ese periodo de crisis económica-política terminó su primera etapa con el ajusticiamiento de Rafael Trujillo en mayo de 1961, a lo cual siguió un periodo de inestabilidad de unos 5-6 años, hasta el advenimiento al poder de Joaquín Balaguer en 1966, instaurando una autocracia de 12 largos años, igual cantidad de tiempo gobernado por Ulises Hereaux entre 1887-1899 y Leonel Fernández 1996-2012.

De ahí que, como podemos ver, en toda nuestra historia política, el gen de la crisis política y de la división, está presente en todas las organizaciones políticas personalistas y no personalistas, y en cada una de las coyunturas, empero, ha habido sucesos que posponen la resolución de esas crisis políticas, las cuales siempre terminan estallando de 5 a 7 años después de su inicio o de haberse diferido el desarrollo de su gestación.

La posposición en el año 2011 y de nuevo en el año 2016, de un congreso elector de las nuevas autoridades del PLD, que postergado ahora de nuevo por sus fisuras internas, deberá celebrarse en el último trimestre del 2020, al mismo tiempo que desde el 2011 y durante todo este quinquenio el PLD en el gobierno ha estado auspiciando, participando e incidiendo directa o indirectamente en la división definitiva del PRD, principal partido del país y de la oposición, es obvio que de ello se puede colegir que, la crisis divisionista del PRD es la clave de la derrota del PLD y el triste final de este viejo y decadente sistema de partidos, estando ahora en un periodo de transición, para dar paso quizás a un nuevo sistema político y el advenimiento de la llamada “Quinta República”.

La atomización y la destrucción del PRD por instigación directa del PLD, así como paso con el Partido Rojo (Partido Nacional Conservador) por intervención directa del Partido Azul y también como sucedió con el Partido Nacional Horacista del Ex -Presidente Horacio Vásquez Lajara, por una alianza de antiguos Jimenistas y Horacistas con el golpista General Rafael Trujillo Molina, nos dice que la destrucción del principal partido del sistema (PRD), sin lugar a dudas, crea un peligroso vacío y antecede la desaparición total del resto de los partidos conocidos hoy como mayoritarios, entrelazados y conectados entre sí.

Al quedarse prácticamente sin ningún tipo de oposición, El PLD está actualmente muy presionado por la gran demanda agregada de cargos y prebendas desde entelequias y siglas que fueron opositoras, máxime ante la inexistencia todavía de una alternativa política sólida como opción de poder, creándose un fenómeno de desaparición gradual y controlada (una implosión) del propio PLD como partido, dado que, como se ha venido describiendo en este escrito, el PLD ha pospuesto reiteradas veces, una inexistente y difícil solución a su crisis interna, que surge ante el temor de desaparecer al perder el poder y consolidando al PLD como el Partido Único Dominicano, como lo fue el Partido Azul, como lo fue la Unidad Nacional, como lo fue el Partido Nacional Horacista que colapsó por la reelección de Vásquez y surgió posteriormente el Partido Dominicano. Un PLD con dos visiones, (Danilo y Leonel), dos alas (nacionalista o conservadora y liberal o populista), dos tendencias (Danilismo y Leonelismo), dos estilos de gobernar (Cercano y Distante) como lo fue reitero, el Partido Azul liderado por Luperón, como fue la Unidad Nacional posterior a la muerte del Presidente Hereaux (Lilis) o como lo fue en su momento el propio PRD liderado por el Dr. Peña Gómez, durante el periodo 1978-1998…Continuará!

3ra. Parte

El PLD está destinado a desvanecerse como partido político en la medida en que sus dos visiones (alas o tendencias) comiencen a evidenciar fuertemente sus problemas de cohabitación y con la desaparición de la oposición formal e institucional o la asistematicidad de esa misma oposición atomizada y carente de propuestas, una visión o tendencia peledeista se va a resistir inevitablemente a ser controlada y subordinada por la otra, produciéndose una dolorosa separación con guerrilla interna incluida.

El congreso elector para elegir parcialmente nuevos miembros al comité central y político, los cambios constitucionales para favorecer la reelección de Danilo Medina en este 2015, con el elemento agregado de la tensión interna que eso ha generado con la tendencia o visión leonelista, ha dado inicio a la parte final de la crisis que según el promedio histórico que manejamos, dará como resultado la posible transformación o disolución gradual del PLD como partido, ya sea convirtiéndose en partido minoritario, si pierde las elecciones del 2016 o 2020 o ambas consecutivamente, o sea dividiéndose en varias facciones partidarias que no podrán llegar unidas más allá del 2022-2023, cuando visualizamos la posible desaparición total de la actual partidocracia dominicana y el debilitamiento del sistema democrático.

Por eso soy de opinión, que al PLD no le conviene una alianza de “Unidad Nacional” con el PRD y el PRSC, puesto que la dialéctica histórica nos indica que eso va a acelerar notablemente el colapso del propio PLD como partido, mayor desconfianza e incredulidad en el sistema, más la lluvia de aspiraciones y deseos de poder de la mayoría de sus dirigentes, incluso del círculo más íntimo del actual mandatario, que podrían sentirse amenazados o desplazados por la llegada de nuevos partidos y liderazgos al Bloque Progresista, coalición gobernante que ahora amplía su caterva de partidos aliados que en el 2012 era de 14, pasando posiblemente ahora a 18 o 20, para las elecciones del 2016.

A mi modo de ver, lo que el PLD quería del PRD y del PRSC, lo logró concitando su apoyo congresional para la reforma constitucional que ha posibilitado la reelección de Danilo Medina. Ya el PRD y el PRSC son una pesada carga, un obstáculo y un problema para el gobernante PLD que se añade al gravísimo problema interno con el leonelismo y un sector del propio danilismo que reclama su espacio en las boletas. Para el PLD, más que buscar el mayor número de casillas y de aliados, lo mejor sería que el PRD termine por disolverse lejos de ellos, para que no vaya a seguir contagiando su fétida crisis a la base militante del PLD, que de por sí, ya está enervada, hastiada y molesta por los pactos injustos, el anquilosamiento generacional y la inmovilización política a que los han sometido tanto Danilo como Leonel. Para el 2020, se cumplirán 18 años que el PLD no elige de manera total, nuevas autoridades partidarias y no produce renovación total de sus organismos.

Lo mismo pasó en el PRD, que durante 18 años, no renovó de manera total sus autoridades (1986-2004), permaneciendo siempre las mismas figuras al mando de una organización que con el paso del tiempo se fue fosilizando y anquilosando, imposibilitando la ascendencia de nuevos líderes. Esa inmovilización interna fue uno de los factores de la gran división interna del año 2004 y como hemos dicho a partir entonces con la era del PLD, se inició el proceso gradual de desaparición de los actúales partidos mayoritarios del sistema.

La clave de la transformación del sistema político descansa en las manos del Partido Revolucionario Moderno (PRM) y de sus actuales liderazgos. De las decisiones inteligentes, la astucia política, la vocación de poder y la visión que tengan de la sociedad del futuro es que dependerá su éxito en futuros certámenes y la posibilidad de mantener vigencia ante la debacle masiva de los viejos partidos. La constante renovación de sus cuadros, la flexibilidad para construir consenso, la modernización del partido y novedosas formas de hacer política, de seguro podrían hacerles sobrevivir por muchos periodos a la desaparición del escenario de PLD, PRD y PRSC.

La actual concentración de poderes en manos del Partido Único Dominicano y sus tres siglas aliadas PLD-PRD-PRSC, combinado con la posible incapacidad del PRM para diferenciarse y hacer verdadera oposición, la presión externa de potencias foráneas respecto a temas de soberanía, corrupción y explotación minera, un entorno internacional convulso por crisis económica y posibilidad de guerra global, entre otros factores, pudiera ser la antesala directa de un gobierno de fuerza o la desaparición de la República Dominicana tal y como la conocemos hoy.

El PRM más que un partido, podría ser la organización política del futuro. En sus filas se encuentra una enorme cantera de jóvenes dirigentes políticos de ambos sexos de mucha capacidad y formación. Así mismo se vislumbra que el PRM, sería la agrupación política que experimentaría mayor crecimiento cualitativo y cuantitativo durante la próxima década, junto con otras importantes organizaciones como Alianza País, Opción Democrática Frente Amplio entre otras nuevas expresiones que surgirán, pero todo estará condicionado a no cometer los errores, ni repetir las actuaciones de los decadentes PLD y PRD, plataformas replicantes de los vicios y luchas de intereses de la baja pequeña burguesía y la muy atrasada oligarquía criolla.

Fuente: Diario Cristal

 

 

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