Trompeta de división

Por: Cesar Medina

Santo Domingo.- Nadie es eterno en el mundo. Todo lo que nace muere. No hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista. Así pensarán los que quieren ver al PLD dividido. Que tal vez sean muchos, pero menos de la mitad del país.

El problema es que hasta ahora nadie garantiza nada mejor -aunque lo prometan-, porque es bien sabido que en política se ofrece todo, como en el amor: “Prometer, prometer, para luego m…, y después de m… olvidar lo prometido”.

Porque el PLD no habrá satisfecho todas las expectativas, pero ha hecho cosas grandes y buenas: resolvió la tara de la oferta educativa, ha construido una amplia red de carreteras, organizó la estructura y funcionamiento del Estado, dotó a la UASD de una infraestructura jamás soñada y registra altas tasas de crecimiento económico.

Faltará aún más, pero no veo a los demás partidos superando al PLD porque sus discursos no conducen al desarrollo. No hablan de cambio de mentalidad, economía del bienestar, cambios estructurales ni de universalidad de los beneficios y servicios públicos.

Es lo que explica, precisamente, que el partido de Juan Bosch mantenga tan alta valoración después de cinco triunfos electorales y casi 20 años de administración… Porque la política, a pesar de todos nuestros atrasos, no es tan visceral como nos quieren hacer creer desde algunos litorales.

¿Se dividirá…?

Ojalá que Danilo Medina y Leonel Fernández no caigan en la inclinación de dilapidar o mal administrar la fortuna heredada. Juan Bosch dejó un partido bien estructurado por organismos y miembros. Entre todos, sobresalían esos dos como los destinados a ser los máximos dirigentes de la organización y sus candidatos presidenciales.

Lo han logrado, pero algunas cosas han fallado, como la estrategia de transición de partido de dirigencia a partido de masas a pesar de que pudieron mantener las dos modalidades; abandono de los principios de la no reelección y el de “servir al partido para servir al pueblo”.

Estando Juan Bosch vivo, el PLD decidió parar de crecer hacia adentro, captando afiliados para expandirse hacia afuera conectando con simpatizantes. La lectura fue que no quería tener compromisos con más gente. Si acaso no podía cumplir con más afiliados, al menos hubiera tenido más activistas bien formados y el país tendría más “del chico peledeísta bueno, consciente y estudioso”.

La reelección es odiada por los políticos cuando no están en el poder y la aman cuando llegan. La excepción fue Juan Bosch quien la prohibió en dos períodos consecutivos en su reforma constitucional siendo presidente en el 1963.

Aunque a Leonel le hubiera gustado reelegirse, nunca forzó la situación. Danilo Medina pudo haber hecho lo mismo, pero le llovió un apoyo arrollador que no tuvo Leonel. Entonces lo aprovechó, se reeligió y ahora nadie le cree que no lo volverá a intentar.

Tanto porque Leonel aspira y por la percepción continuista que se tiene de Danilo, toca pensar que ninguno de los dos quiere servirle al pueblo desde el partido, sino desde el Palacio.

Juan Bosch es el árbitro

Partiendo del ego, es probable que Danilo piense que no reformó la Constitución para que Leonel gobierne cinco veces y él solamente dos. También hay un problema de calendario para Danilo y uno de interpretación para Leonel que todos están dejando para última hora.

¿La fecha de efectividad de los “dos periodos y nunca más” corre a partir del primer o segundo gobierno de Danilo Medina?

¿El “nunca más” vale para todos los que han gobernado dos veces? La situación es compleja y solo Juan Bosch, aun muerto, la puede resolver. Ya veremos si esos dos grandes políticos son capaces de tirar la vista hacia el cielo para que la estrella del profesor guíe sus actitudes y decisiones.

 

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