En RD reemplazan el uso de la hookah por cigarrillos electrónicos

SANTO DOMINGO.- Al filo del mediodía llegué a una tienda de cigarrillos electrónicos ubicada en un centro comercial con el propósito de indagar sobre estos aparatos cuyo uso cobra cada vez más auge en el país.

De inmediato me llamó la atención la variedad de diseños, tamaños, modelos y la amplia gama de colores de los productos en venta. Me pareció una tienda de dulces o de artículos de fiesta.

Al terminar de atender a un cliente la vendedora me preguntó en qué puede servirme. Cuando le expongo cuál es la finalidad de mi visita se intimida un poco y responde con cautela a mis preguntas.

Me explica que los cigarrillos electrónicos son como un celular, que se componen básicamente de una batería con su cargador y un atomizador, que es donde se coloca el líquido de la preferencia del consumidor.

Me dice que los más pequeños son para las personas que quieren dejar los cigarrillos normales y que los más grandes y llamativos funcionan como un sustituto de la hookah. Estos los usan esencialmente quienes sólo quieren “vapear”, palabra asumida como la acción de producir vapor.

Indica que la carga le puede durar desde seis horas hasta dos días, dependiendo del uso que la persona le dé. Hace énfasis en que este es un equipo de uso personal y que no se vende a menores de edad.

Explica que los precios sólo del aparato van desde RD$1,020 hasta RD$5,700 y los compran hombres, mujeres, jóvenes y personas mayores. El costo de los líquidos oscila entre los RD$500 y RD$1,375 y su duración también dependerá de la frecuencia con que lo use el consumidor. A una persona le puede durar un mes y a otra una semana.

Cliente
Nuestra conversación fue interrumpida por otro cliente. Entró a la tienda un joven “vapeando”. Mi atención se enfocó entonces en él.

Me dijo que tiene alrededor de dos años “vapeando” y que lo hace porque le relaja.

“Yo fumaba hookah desde los 15. La dejé y tengo par de años vapeando. La diferencia es mucha porque la hookah te da un golpe más fuerte, tú te pones mejor”, decía mientras inundaba el espacio y mi cara de humo.

Relata que cambió a los cigarrillos electrónicos porque en hookah invertía más dinero y porque su adicción era mayor. Dice que ahora inhala vapor con menos frecuencia. Muestra de ello es que un pote de líquido le alcanza cerca de un mes.

“La adicción que yo le tenía a la hookah la superé”, contó el joven que pidió el anonimato. Afirma, no obstante, que a pesar de la prohibición la hookah se sigue vendiendo y consumiendo igual.

“Tú te tiras a cualquier discoteca cualquier fin de semana y vas a ver gente utilizando la hookah normal. La prohibición lo que hizo fue aumentar el precio pero se sigue consumiendo normalmente”, opina.

Otra ventaja en comparación con la hookah es que el cigarrillo electrónico es de uso personal. Dice que sólo comparte el líquido cuando está en un “coro” (en República Dominicana esto es compartir entre un grupo de personas) y todos están “vapeando”. Fuente externa

 

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