Cómo cuidar la piel del frío

Santo Domingo. – Con los efectos de temperaturas bajas muchas personas comienzan a sufrir molestias en la piel del rostro o de las manos. “El frío del invierno genera una vasoconstricción para minimizar la pérdida de calor al exterior”, explica la doctora Elia Roo, miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología -AEDV-

Roo, indicó, “La circulación sanguínea en la piel se reduce y recibe menos oxígeno y menos alimentos. También se genera un deterioro de la capa hidrolipídica, una mezcla de sebo y sudor que recubre la parte exterior de la epidermis” ¿Consecuencias? “La piel se vuelve pálida, frágil y se agrieta. Y si el daño es grave o persiste, pueden aparecer eccemas”.

Por suerte, existe una amplia gama cosmética para tratar de evitar que nuestra piel sufra en exceso y evitar posibles trastornos médicos en estas fechas. “Serán ideales las cremas hidratantes con ingredientes emolientes, ceramidas, ácido hialurónico, etc.”, señala la dermatóloga Cristina Eguren. “Por otro lado, las pieles más secas, ya irritadas, deberán evitar principios activos con potencial irritante como el ácido retinoico o los AHA (alfa-hidroxiácidos)”.

Aspectos básicos a tener en cuenta en invierno

Aunque será complicado evitar al 100% el efecto del frío, sí hay ciertas circunstancias que pueden ayudar a eludir el malestar. La prevención será especialmente necesaria en personas que tengan predisposición a la piel seca o que presenten afecciones como dermatitis atópica. Estas son algunas cuestiones que deben tomarse en consideración:

La hidratación diaria es fundamental. Tal y como recuerda la doctora Lorea Bagazgoitia, autora del Blog de Dermatología y del libro Lo que dice la ciencia sobre el cuidado de la piel, “es importante utilizar crema hidratante diariamente para evitar los posibles efectos de la sequedad en la piel”. En el caso de los labios, “un bálsamo labial puede ayudar para evitar la irritación”.

La limpieza de la piel debe ser suave y cuidadosa. En las manos, por ejemplo, se debe evitar el lavado excesivo con jabón. Si se hace, recuerdan desde la AEDV deben utilizarse “productos que no agredan la función de barrera de nuestra piel y al mismo tiempo aporten hidratación. Hay que evitar las duchas con agua demasiado caliente y el uso de jabones fuertes que contribuyan a una mayor sequedad”. Si no se puede evitar el uso de jabones en las manos se recomienda utilizar guantes y cremas con efecto barrera.

Las prendas técnicas son nuestras mejores aliadas. “Será necesario utilizar ropa y complementos de abrigo adecuados, como gorros, guantes, calcetines gruesos, incluso orejeras”, explica la doctora Eguren. En el caso de las personas con tendencia a sabañones o Raynaud —una enfermedad que hace que los dedos se sientan dormidos y fríos— es fundamental llevar los pies y las manos siempre bien abrigados. “En el caso del Raynaud”, señala Bagazgoitia, “tiene importancia la temperatura corporal, no solo la de las manos. Si llevamos unos guantes estupendos, pero sentimos frío en el cuerpo, el Raynaud puede producirse igualmente”.

Las calefacciones resecan la piel. Los cambios de temperatura bruscos son fatales para la piel, así que el uso de la calefacción puede empeorar la sensación de sequedad. “Sobre todo si son calefactores de aire o si nos ponemos en contacto directo con ellas”, dice Eguren. A la hora de protegernos no sólo debemos tener en cuenta la temperatura ambiental, sino también la presencia de aire, porque éste contribuye aún más a resecar la piel.

La protección solar no solo es para el verano. “Aunque la intensidad del sol es mucho menor en invierno, los días son más cortos y pasamos menos tiempo al aire libre, utilizar fotoprotección sigue siendo recomendable”, indica la doctora Bagazgoitia. Precauciones que deben extremar los aficionados a deportes de invierno como el esquí. Desde la AEDV recuerdan que deben usar “cremas fotoprotectoras con índices de protección alta (50+), resistentes al agua y al sudor, y aplicarlas en cantidad suficiente y cada 2 o 3 horas. Así mismo, deben utilizar barras labiales fotoprotectoras y gafas de sol, ya que la incidencia de radiación ultravioleta en la montaña es mayor”.

Áreas a las que debemos prestar especial atención

“Las zonas más dañadas”, dice la doctora Eguren, “son aquellas más expuestas, como las manos o la cara, pero también influye la distancia al corazón, pues a las zonas más, alejadas manos, pies, nariz, orejas, llega menos sangre y se enfrían antes”.