RD aprovecha benéficos del turismo para estar presente en el mundo fashion

Santo Domingo.-Con el Caribe como vecino, se desarrolló una nueva edición de Dominicana Moda, esfuerzo que involucró a diseñadores destacados y consagrados además de servir de vitrina a un grupo de emprendedores y artesanos vinculados al sector. Iniciado en 2006, en esta oportunidad presentó en 19 pasarelas a diseñadores profesionales, seis internacionales encabezados por Silvia Tcherassi como invitada especial, además de espacios para los talentos emergentes.

La propuesta de Dominicana Moda se debate entre una mujer sofisticada y otra más práctica. De allí que los vestidos de gala, si bien no estuvieron ausentes, tampoco monopolizaron las pasarelas. Los diseñadores locales mostraron una mirada introspectiva ya que encontraron las respuestas en la propia historia de la ciudad primada de América, cuyos personajes, como María de Toledo, parecieran todavía recorrer sus callejuelas. Los azulejos de las casas estuvieron en los estampados de Carlos de Miya. Precisamente en una de las históricas construcciones dominicanas, la Fortaleza de Ozama, se levantó la carpa Oscar de La Renta, en homenaje a ese gran inspirador de las nuevas generaciones.

Lo folk, el algodón y los estampados se codearon con las transparencias, así como colecciones más comerciales se cruzaron en el camino con otras más exclusivas para testimoniar que la moda quiere y puede llegar a todos.

Cayena, marca responsable de la apertura, es ejemplo de esa visión intimista porque sus estampados narraron la magia, la luz y el ritmo del Caribe, pero al mismo tiempo presentó la responsabilidad social de la moda, pues son diseños elaborados por Manos Dominicanas, institución que depende del Gobierno quisqueyano. Estas mujeres enroladas en el programa se encargaron de la confección y por ser una colección más comercial, Cayena presentó no solo lo femenino sino que tuvo un capítulo masculino y otro infantil. En todos abundaron el algodón y los accesorios reflejando expresividad y el espíritu dominicano, gracias a la presencia de flores y flecos de colores.

Una constante en estas presentaciones fueron los volantes, que sin duda hacen referencia a ese pasado donde las mujeres locales debido a la falta de joyas llenaban de vuelos sus blusas y faldas. Jenny Polanco hizo uso de ellos, pero de una manera delicada. Se apoderó del beige y le dio estatus de protagonista en sus trajes y blusas que parecían tornarse en minivestidos.

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