NI TÚ, NI YO

Por Alejandro Asmar

Cuenta un relato que hubo un hombre que antes el asedio de la ingratitud de la mujer que le había jurado amor eterno antes el altar, para luego trocar sus palabras y juramento en odio, resentimiento, persecución, atribulación y toda suerte de infelicidades, en una acción desesperada, que solo se comprende en un hombre acorralado y puesto contra la pared, decidió reaccionar como actúa todo aquel a quien se humilla y maltrata sistemáticamente.

La mujer del relato, fría y calculadora, interpuso el divorcio por la vía más rápida y expedita, pensando en que saldría gananciosa en la repartición de bienes. Pero como una cosa es la que piensa el burro y otra el que lo aparea, no contó con la astucia del marido despechado. Este, buscando devolver el golpe y causarle el mayor daño posible, para convertir en un boomerang las pretensiones de la mujer,  puso públicamente en venta la casa mediante un  anuncio en un periódico de los EEUU. Allí publicó que ofertaba la residencia familiar, valorada en una cuantiosa suma en dólares, por solo US$100.

Concretada la venta, procedió a partir por la mitad el dinero adquirido, correspondiéndole a la ambiciosa mujer solo US$50, quien con todas sus expectativas derrumbadas y echas añico, no podía sobreponerse a la sorpresa recibida.

Conclusión, hasta un gato se convierte en un león cuando se ve acorralado. También un hombre reacciona con igual fiereza cuando se le despoja de algo en lo que ha invertido tantos sueños, años de esfuerzos, trabajo y sacrificios. No debemos convertir con nuestras acciones incendiarias el corazón del otro en pasto de la venganza, pues su fuego también nos quemará.

Posdata: en vez de dividirse la fortuna, lo que se repartieron fue la desgracia a partes iguales, y todo producto de un mal cálculo.

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