La democracia sería la triunfadora

Por: Claudio Caamaño Vélez

Estaba en medio de los trabajos de crianza de peces de colores, actividad que mis padres dominaron muy bien y que estoy retomando, cuando me llamaron para decirme del nombramiento de varios diputados en el tren gubernamental. Eso abriría varias vacantes, una de ellas en mi demarcación.

Como quedé en sexto lugar entre los once candidatos, y el partido obtuvo cinco escaños, muchos amigos me motivaban a “ponerme en eso”. Entendían que me correspondería completar esa vacante.

No me hice ilusiones, pues estaba consciente de la vieja tradición de heredar las curules.
Al día siguiente el tema se volvió noticia, comunicadores y hacedores de opinión lo asumieron. Me pareció interesante, no solo por la oportunidad de lograr ese escaño por el cual tanto trabajamos junto a nuestro equipo, sobre todo por el precedente que eso significaría para la democracia.

La dilación en resolver el tema sólo alimentó el espíritu democrático, y más sectores y personas se unieron.

A 45 días y dos reuniones suspendidas no han podido decidir… Cambiar una cultura política no resulta fácil.

Pocos temas han concitado un respaldo tan unánime de la opinión pública y movimientos sociales. Dentro del PRM muchos dirigentes se han sumado, a pesar de los riesgos que implica desafiar ciertos intereses. Me siento orgulloso y honrado de ese respaldo, y estoy consciente del compromiso moral que implica.

Ese gran apoyo es, independiente del resultado, una victoria.
Más que el hecho de no ser designado, lo que me entristecería es que la democracia no logre florecer entre las espinas de los intereses.

Sobre todo, me dolería que un partido en el que tanta gente hemos depositado la confianza, no aproveche esta oportunidad para mostrar que sí valió la pena.

 

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