Guerra de papeletas y crisis post electoral

Por: JOSÉ ALDUEY SIERRA

El Wi-Fi y el software son herramientas de gran valor para desarrollar toda clase de tecnologías avanzadas al servicio del desarrollo humano. De hecho, ya lo estamos viviendo con la banca online o banca en línea a través de los celulares. Donde también ha nacido una poderosa e incontrolable industria del fraude: robo de dinero, clonación de tarjetas a través del Internet. Se está buscando remedio a esos males derivados de la gran revolución digital.

Bien, pero también vemos muchos avances tecnológicos en la medicina con todos los adelantos científicos de las operaciones y exámenes médicos del corazón, los ojos, los riñones, pulmones y el hígado: la ciencia ha logrado revolucionar los diagnósticos y tratamientos médicos del cáncer. Vemos y valoramos mucho los grandes avances en la educación, en los negocios con las empresas online.

Pero nadie puede decir que los sistemas tecnológicos automatizados son en sí mismos una solución. El software y el Wi-Fi o transmisión de datos vía Internet, son la poderosa herramienta que utilizamos para automatizar sistemas de organización y transmisión masiva y rápida de información, que en tiempos manuales nos costaba tanto esfuerza y demasiado tiempo elaborar, procesar y transmitir. La pregunta necesaria es: ¿Quién es el encargado de programar y dirigir un software y ponerlo al servicio de una determinada actividad científica, profesional, empresarial y/o política? Sin lugar a dudas: el hombre.

¿Si ese hombre quiere manipular los resultados de unas elecciones lo puede hacer? Pues claro que sí. Basta con que tenga la mala intención y quiera programar ese sistema o software para que ofrezca determinados resultados manipulados. Entonces no basta con decir que un sistema ha sido automatizado para garantizar per se su transparencia y pureza. Hay que demostrarlo con los hechos que no ha sido sometido a manipulaciones perversas.

No podemos decir que el personal contratado para manejar las elecciones en RD el 6 de octubre responda a intereses macabros, pero sí podemos decir que hay muchos favores que mueven a tener una gran preocupación y sospecha porque el proceso no ha sido rodeado de confianza, respeto y credibilidad. Todo lo contrario.

¿Por qué vemos líos en las primarias?

Estamos mirando el proceso con mucha preocupación porque no ha sido depurado el padrón electoral como demandan las circunstancias ni se ha presentado con igual honestidad el personal técnico a cargo de esas delicadas funciones.

Eso que viene ahí será el lío más grande en toda la historia de la democracia: La Guerra de Troya. Acusaciones de fraude por montón, peleas, insultos y sangrientas confrontaciones violentas con muerte, dolor y luto para los más débiles. Siempre los grandes están ausentes. Lo peor de todo: con balance de retroceso político incalculable y mayor descrédito para la democracia de consecuencias trágicas incalculables.

Las primarias abiertas, peor que las cerradas, son para países desarrollados con gente de mucha educación como son los suizos y los suecos donde gobierna la socialdemocracia plena y en los Estados Unidos donde hay una sólida tradición democrática: 243 años ininterrumpidos de historia democrática sin golpes de Estado.

Pero lamentablemente, en nuestros pueblos del Caribe, y muy tristemente República Dominicana, todavía estamos en la etapa del analfabetismo y el canibalismo, donde dos personas suelen matarse a tiros por una simple discusión de tránsito.

Pena Gómez, un líder visionario y muy bien intencionado siempre, comprometido con el socialismo democrático, fue el primero que introdujo las primarias y fue el primero en fracasar con ellas en dominicana. Tiros, sillazos, trifulcas y una pelea por las actas y los votos que aún nadie puede conocer el resultado final.

Una división cruenta del PRD y la derrota del Candidato Jacobo Majluta que posibilitó el retorno al poder del doctor Joaquín Balaguer en 1986 (dado ya por políticamente muerto desde 1978).

Aquellos líos fueron apenas en el seno del PRD, tres gatos comparados con los 7 millones 422 mil 416 votantes convocados a las urnas el 6 de octubre en todo el país con los dos grandes partidos en primarias, el PLD, abiertas con el padrón de la JCE, y el PRM, cerradas con 1 millón 296 electores inscritos para votar.

Hay grupos dentro de los partidos que controlan la militancia y negocian con los partidos grandes el secuestro de las cédulas de los votantes. Esos sacan millones de pesos con la venta de paquetes de cédulas por miles.

Con la cultura de la trampa y compra-venta del voto al contrario lo que fomentamos es la violencia barrial con estos procesos. No son las computadoras y el sistema automatizado el problema. Son los seres humanos mal educados, viciados en la vida mafiosa, sin ningún objetivo más que el dinero, porque la cultura dominicana es antidemocrática. No impera una democracia real que es saber ganar y saber perder con buenas reglas, honestidad y transparencia, lo que menos impera, entre los partidos grandes, sobre todo.

La pregunta del millón es: si cada mesa electoral (habrán 7,372 mesas con 1,200 votantes en cada una) levanta un acta, con la firma de todos los delegados de los partidos políticos, con los votos finales: votos válidos, votos nulos y votos observados, ¿por qué la JCE no habla de colectar esas actas, con la firma de los delegados de todos los partidos en cada una de las 7,372 actas, y de verificar que todos los votos emitidos representan la más pura voluntad popular expresada en las urnas a través del voto automatizado? Basta con verificar el 25% de las actas y confirmar que muestran lo mismo contabilizado en el voto automatizado para asegurar que todo está bien, y que ese es el voto sagrado de Juancito Trucupey, para decir un nombre.

¿Por qué no dejamos ese punto en claro porque ya sabemos que las computadoras pueden ser manipuladas por la malicia del hombre que es quien coloca el software donde estarán los datos con el resultado final de las elecciones? ¡Dios quiera que yo me haya equivocado!

Los peligros amenazan

¿Cuáles son los factores adicionales que amenazan con abortar el proceso del 6 de octubre?

Primero, el juego sucio de la compra del voto. Se sabe el “truco” de comprar cédulas a los votantes el día de las elecciones, fuera de las urnas. Andan grupos de compradores con sacos de dinero cash y cajas de ron para darle a cada votante de $500.00 a $1,000.00 pesos ”a cambio de secuestrarle la cédula” el 6 de octubre y evitar así que voten por el candidato de su preferencia, práctica común y generalizada en todos los gobiernos, y más ahora en el PLD en el marco de la “guerra de papeletas” que habrá entre dos maquinarías políticas muy poderosas y muy corrompidas y corruptoras, encabezadas por LEONEL FERNÁNDEZ y DANILO MEDINA, por demás expertos en esas lides mañosas como parte de la cultura de la trampa política desde y fuera del Estado.

Es vieja la práctica de sacar cédulas a los haitianos y llevarlos por montones a votar, truculencias donde también tuvieron experiencias Joaquín Balaguer e Hipólito Mejía, tanto desde adentro como desde fuera del Estado.

Segundo, el padrón sin verificar. He sostenido por años que la oposición debía verificar el padrón electoral antes de asumirlo como válido. Van a las urnas con los ojos vendados con 7 millones 422 mil 416 votantes, sin auditoria de los muertos, militares activos, haitianos, y/o duplicidades (una misma persona con varias cédulas y distintos nombres con posible cambio físico de cara) y muchísimas irregularidades más que pudieran aparecer. Un padrón electoral sucio es la mejor fuente del fraude.

Tercero, exclusión expresa de la gran población votante discriminada de la diáspora, donde el registro de votantes es siempre silencioso, sin promoción y a paso de cocodrilo. Han dejado sin registrar 3.5 millones de dominicanos de ultramar, más del 80% está fuera del padrón electoral y tampoco hay primarias, pero si elecciones generales. El votante discriminado de la diáspora no cuenta ni es respetado para nada.

Cuarto: la JCE no tiene ninguna experiencia técnica en estos procesos y tampoco está hablando claro sobre la garantía de transparencia total del proceso.

El problema no es que gane Gonzalo Castillo a Leonel Fernández y viceversa o que gana Luis Abinader a Hipólito Mejía o lo contrario. El tema es que la sangre no llegue al río y que haya un árbitro creíble a la hora en que surjan los primeros gritos de fraude y que surjan violentas discrepancias.

 

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