El nuevo y selecto escenario del país político

Por: Miguel Angel Cid Cid

La fuerza de los Vincho metió presión con esos argumentos oportunos en el momento decisivo y luce que esto condujo al organismo electoral a hacer los arreglos a la Ley 33-18 para favorecer a la influyente familia. En consecuencia, la JCE evacuó –qué palabrita– la resolución No. 70-2020, contentiva de una decisión salomónica, favorable a la FNP.

Parecería que los electores dominicanos procedieron instintivamente de acuerdo a la teoría de la selección natural. En el proceso electoral próximo pasado sobrevivieron los partidos más aptos. El vencedor PRM, junto a un par de los coaligados como FP y el DxC, por un lado y el PLD, PRD, PRSC y AlPaís, por el otro lado.

A partir de ahora, los otros restantes veinte partidos participantes deberían desaparecer.

La Ley 33-18 establece que para un partido mantener su patente legal debe conseguir el 1% de los votos válidos emitidos. A este criterio se suma la condición de lograr la elección de, por lo menos, un cargo electivo. Cual que sea: vocal, regidor, alcalde, diputado o senador.

En el artículo 75, la Ley 33-18 de Partidos, Agrupaciones y Movimientos Políticos, instituye, taxativamente, las causas de la pérdida de la personería jurídica. Veamos:

Numeral 1. “No haber obtenido por lo menos un uno por ciento (1%) de los votos validos emitidos en las ultimas elecciones nacionales ordinarias, presidencial, congresual, municipal o de distrito municipal correspondiente al mismo proceso electoral”.

Numeral 2. “No haber obtenido representación congresual o municipal en las últimas elecciones generales”.

En las referidas elecciones participaron 27 partidos políticos. De ellos sólo 7 consiguieron superar el 1% de los votos. Los 20 restantes se repartieron el 6.82% de los votos escrutados. En promedio les correspondería un 0.34% por partido.

Éstos pequeños partidos no sólo deberían irse –tal como el célebre slogan Se Van–, sino disolverse; esfumarse del escenario político. Liquidar sus bienes y sumergirse en la noche oscura de la historia.

Pero no. El pueblo no se gobierna, al pueblo lo gobiernan. El Dr. Marino Vinicio Castillo Rodríguez, presidente y líder de la Fuerza Nacional Progresista, impugnó la decisión de la JCE, amparado en el Artículo 62, numeral 3 de la referida Ley.

Un ocho por ciento (8%) distribuido entre los partidos que hayan alcanzado entre cero punto cero uno por ciento (0.01%) Y uno por ciento (1%) de los votos válidos obtenido en la última elección. (Ley 33-18)

La fuerza de los Vincho metió presión con esos argumentos oportunos en el momento decisivo y luce que esto condujo al organismo electoral a hacer los arreglos a la Ley 33-18 para favorecer a la influyente familia. En consecuencia, la JCE evacuó –qué palabrita– la resolución No. 70-2020, contentiva de una decisión salomónica, favorable a la FNP.

El criterio de que el Estado obra en beneficio del todo –nunca de las partes–, salvó el resto de los 19 partidos. Y perjudicó, naturalmente, la selectiva decisión tomada por el pueblo.

¿Qué debería suceder, en lo adelante, con las 20 agrupaciones políticas que la población electoral claramente rechazó, pero que el tecnicismo legal de la FNP salvó?

El sistema de partidos dominicano se concibió a la medida de los grandes. Los pequeños, esas agrupaciones minoritarias –mal llamadas alternativas–, hacen poco para revertir esa realidad.

El contexto entonces deja poco espacio para fantasías. Los partidos que superaron el 1% de los votos en julio pasado deberían refundar el país político. Reconformar el paisaje en cuatro grandes fuerzas.

1-. El Partido Revolucionario Moderno. Con éste se fundirían 4 agrupaciones. Éstas son los partidos PHD, PRSD, Alianza por La Democracia. Por último, País Posible. Entre todas sacaron el 2.38% de los votos.

2-. El Partido de la Liberación Dominicana. En éste convergerían 7 partidos. Movimiento Democrático Alternativo, Cívico Renovador, UDC, Popular Cristiano, Acción Liberal. También están el Demócrata Popular y el PRI. Todos obtuvieron el 2.21% de los votos.

3-. El Partido Fuerza del Pueblo. Al recién formado FP lo reforzarían 4 agrupaciones que suman el 1.41% de los votos. Éstos son los partidos Bloque Institucional Social Demócrata, de Unidad Nacional, PQDC y FNP.

4-. Alianza País. Si AlPaís decide hacer honor a su nombre –y se abre y acoge a los no tan demasiados puritanos, tal y como ellos pretenden–, podría recibir el favor de 3 organizaciones de las que participaron en las últimas elecciones. Estos son los partidos Demócrata Institucional, Frente Amplio y Nacional Voluntad Ciudadana. Las tres sacaron el 0.82% de las votaciones. Además podrían llamar a los antiguos bravos revolucionarios del PTD que no saben dónde meter la cara. AlPaís necesita más voluntades, más votos y menos pretensión.

Los tres restantes que pasaron del 1% de ley y obtuvieron posiciones continuarán como partidos, pero pendientes de aliarse a uno de los 4 grandes. En consecuencia, DxC iría aliado al PRM. El viejo gran partido, PRD, seguiría acurrucado al morado. El PRSC, dado su vocación bisagra, se aliaría al mejor postor.

Los electores dominicanos tendrían así una boleta electoral cómoda para el discernimiento político. La selección del candidato se haría más razonada y consciente. Porque el votante podría optar por los demócratas liberales, o los socialdemócratas, o por los conservadores o por los izquierdistas o centro-izquierdistas.

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