“EL HOMBRE DE LA FOYA”

POR: RICARDO ESPAILLAT

Cuenta el historiador Pedro María Archambault en su relato de la Restauración, que entrado el mes de septiembre de 1863 el joven, Gregorio Luperón, se unió al ejército del general Pepillo Salcedo, establecido en Santiago. Según Archambault, Luperón portaba siempre una espada muy afilada con una tusa en la punta, y se jactaba “constantemente de sus hazañas y de su descomunal valor”. Esto provocaba la burla de los demás soldados del batallón Republicano, quienes terminaron por apodarle con el sobrenombre de “el hombre de la foya”.

Un día, mientras la guerrilla de patriotas en la que se encontraba Luperón caminaba por la calle de San Luis, se tocó con una guerrilla de casi cien soldados españoles. El joven puerto plateño se arrojó al grupo invasor contando solo con su espada, su fe en la causa y su valor incuestionable. Luego de un rato de lucha, que conllevo a la retirada de la guerrilla española, el valeroso Luperón, quien había sido dado por muerto por sus compañeros, apareció con su ropa ensangrentada y la espada rota.

Mientras limpiaba su espada con sus dedos índice y pulgar, exclamo al sacudirlos: “¡Este es el hombre de la foya!”. Fue así, a partir de esta hazaña, que Luperón gano el respeto de todos, siendo reconocido como uno de los héroes más valientes de la revolución.

Esta anécdota ilustra el escenario político actual de nuestro país. Existen hombres de coraje, de valor, de fe en nuestras instituciones políticas, dispuestos a echar la pelea contra los que han traicionado a nuestro pueblo, gobernándolo bajo la sombra de la corrupción y la impunidad, poniendo en peligro hasta nuestra propia soberanía. Somos muchos los dominicanos dispuestos a la causa de la Patria, somos muchos los que sentimos que nos debemos a ella. Sin embargo, nuestra fe y arrojo muchas veces es motivo de burla por parte de quienes nos dirigen, cuando lo que necesitamos es de soporte en esta plataforma que hemos escogido para servirle a la Patria. Necesitamos de la confianza y el apoyo de quienes nos dirigen y de todos los dominicanos que aman su país. Necesitamos la oportunidad de demostrar el valor y coraje del “hombre de la foya”.

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