Gallup-HOY: la Constitución blindada desde abajo

Ignacio Nova

ignnova1@yahoo.com

 

Al fragor de las competencias políticas desatadas entre los actores principales del liderazgo nacional y sus seguidores en aquel marco de oportunidades electivas propiciadas por la próximidad del certamen electoral del 2016 cuando se impulsaba una reforma constitucional para permitir la reelección, el ex presidente Leonel Fernández ató su futuro político al de la democracia nacional y al de la Carta Magna.

La Constitución del 2010 propiciada por Fernández prohibía la reelección presidencial y vicepresidencial. Fue una ley de leyes, redactada después de un amplio proceso de consultas, recabando las opiniones de todos los sectores, con el interés de proteger y consagrar sus expectativas y demandas en el marco jurídico de la sociedad política. Un verdadero “Contrato social”.

Aquellas consultas, a nivel de base, medio y alto; los debates en todos los ámbitos; las innúmeras vistas públicas sobre los temas álgidos construyeron un radio de amplio concordato y terminaron otorgando al texto aprobado la calidad de ser la Constitución más democrática que el país haya conocido y tenido desde su fundación en 1844. Gracias al Partido de la Liberación Dominicana.

En aquel fragor del 2015, el ex presidente Fernández aportó su cuota congresual para votar favorablemente, el 13 de junio del 2015, una reforma al artículo 124 de la Constitución del 2010. En virtud de ello, la reelección pasaba a ser posible, por un período más y ya.

Es sabido que la Constitución del 2010 no consentía la reelección. Decía: “Artículo 124.- Elección presidencial. El Poder Ejecutivo se ejerce por el o la Presidente de la República, quien será elegido cada cuatro años por voto directo y no podrá ser electo para el período constitucional siguiente”.

En virtud de aquella modificación del 2015, dicho artículo, pasó a decir: “Artículo 124.- Elección presidencial. El Poder Ejecutivo lo ejerce el Presidente o la Presidenta de la República, quien será elegido o elegida cada cuatro años por voto directo. El Presidente o la Presidenta de la República podrá optar por un segundo período constitucional consecutivo y no podrá postularse jamás al mismo cargo ni a la Vicepresidencia de la República”.

Al consentir tal modificación, en el entonces clima nacional de opinión favorable a la gestión y a la reelección del actual ejecutivo, el Dr. Leonel Fernández mostraba respeto por la opinión pública. En virtud de ello optó por subirse a la patana reeleccionista a favor de su compañero de partido, aunque lo hizo previendo la necesidad de impedir que el posible desbordamiento de intereses fanatizados pudiese propiciar intentos de volver a tocar la Constitución. Así que lo declaró públicamente: apoyaría la modificación blindando la Constitución.

Era políticamente favorable al PLD consentirlo y, acatarlo, un deber atado al consagrado centralismo democrático. El espaldarazo a la gestión 2012-2016 y el apoyo a la reelección del presidente Danilo desbordaron las marcas estadísticas previas.

Para muchos, con ello el país premiaba al presidente por haber cumplido la demanda generalizada y el acuerdo político celebrado en el 2012 en la Universidad Católica Santo Domingo con el entonces líder opositor. Allí y entonces se convino llevar al 4% del PIB el presupuesto a Educación. Bajo aquel espaldarazo estaba la decisión de una sociedad política deseosa de inaugurar, en la historia política nacional, un período de respeto y cumplimiento de los acuerdos por los líderes.

Hoy, junto a la declaración oficial de que el presidente no está en reelección, los medios dan cuenta de acciones de grupos y sectores que la promueven, en desconocimiento de que el Ejecutivo está comprometido ante la nación, su partido, y ante sí, a no optar por un tercer período. Esa presión no observa que a todos los ciudadanos les está impedido actuar en contra de la Constitución y que las condiciones objetivas y subjetivas al respecto ha cambiado.

Quienes esperan y valoran en el Ejecutivo la fidelidad a sus compromisos y palabra empeñada, pueden ser razones de gobernanza y gobernabilidad las que mueven su silencio y decisión ante el tema, especialmente que haya postergado hasta marzo del 2019 la comunicación de su determinación al respecto.

La encuesta revela que en el carril de ese silencio toma cuerpo y crece el rechazo público, con un peso de 71% de la población en edad de votar, a que la Constitución sea tocada con fines de permitir un tercer mandato consecutivo.

Peor aún: el silencio del mandatario, aparte de otros efectos, podría estar propiciando una valoración y percepción sobre él contrapuesta al deseo del público: el 81.4% de los encuestados por Gallup-HOY creen que el presidente desea optar por un tercer período consecutivo. Así lo consignan los datos de la recién publicada Encuesta Gallup-Hoy, según dio a conocer ese matutino el pasado viernes 05 de octubre, realizada del 16 al 21 de septiembre de este año 2018. Una imagen que esperamos empiece a ser recompuesta en marzo del 2019, o antes.

Quien suscribe desea ver en tal silencio un acto político atado a la “razón de Estado”, en pos de su integridad, incluso funcional y unidad administrativa de la res pública. Especialmente porque no vemos razones para dudar del discurso de los voceros autorizados al respecto: ellos dicen que el presidente está enfrascado en gobernar, enfrentando los actuales problemas nacionales. Quien suscribe no cree que el presidente opte por intentar modificar la Constitución para seguir gobernando.

En este escenario de ruidos causados por los promotores de un constitucionalmente impedido tercer período —cuyo vínculo al gobierno no se verifica en los actos del tren administrativo público— junto al silencio del mandatario, ya no es sólo que algún político desapruebe la modificación constitucional con esos fines: es que lo hace el 71% de la misma población que en 54% valora positivamente la actual gestión de gobierno del presidente Medina.

Así lo establece la referida encuesta. Eso dice que la coyuntura es diferente que la del 2015 cuando se consintió modificar el texto mago para permitir la reelección. Este nuevo terreno permite prever que el presidente terminará este mandato con una muy fortalecida valoración cuando, declarando que eran dos y ya, desarticule el actual nivel de suspicacia creado en torno a su supuesto interés reeleccionista.

Este análisis del terreno indica que la Constitución Dominicana, hasta el momento de realización de la referida encuesta, está en un proceso creciente de blindaje desde abajo.

También, que evidencia la madurez e inteligencia políticas alcanzadas por la ciudadanía. Su opinión consagra metafóricamente al Profesor Juan Bosch por que bajo el debate actual resuena, tintineante, la honrosa memoria a los motivos de la gesta de Abril del 1965: el imperio de la constitucionalidad.

En torno a las pasiones que el tema desata, preguntamos: ¿estará el país camino a producir una sub periodización de la Historia Dominicana, caracterizada por el imperio intocable de la Constitución de la República? ¿Se opondrá el mandatario a esa corriente?

Preguntas metódicas necesarias porque, a todas luces, si algo está claro es que la Constitución está siendo blindada desde abajo.