Dany Alcántara y Julio Martínez: Los Bailarines de la Fiesta

Por: Daygorod Fabián

Con la noción de reencuentro social, en busca de acaparar la atención pública con respecto a la credibilidad de la Justicia Dominicana, el Procurador General de la República Jean Alain Rodríguez instaló un baile que comenzó meses después de iniciarse el terremoto brasileño-continental de Odebrecht.

Para el inicio se necesitaron catorce bailarines, los cuales fueron apresados bajo las impericias técnicas que requería la ocasión, pero con el montaje espectacular que dejaría satisfacción en los estratos que apetecían (o ansían) justicia verdadera. Como todo espectáculo, éste no era la excepción, el factor tiempo jugó un papel estelar.

Llegado el momento de sostener las acusaciones, las cuales fueron revestidas de la reticencia común, con formulaciones jurídicas presentadas por el Ministerio Público, no se encontró forma de dejar bajo las rejas a los que habían sido sindicados, en primer orden, con el calabozo preventivo.

Con todos los bailarines fuera de la fiesta, de forma temporal, debido a la mala aplicación de la música y orquesta, se generó presión sobre el PGR e insatisfacción en gran parte de la población. Defino esa insatisfacción como el producto de la caza inmisericorde de la procuraduría por hallar terceros que se echasen la culpa de uno de los casos de corrupción más grandes que ha conocido la República Dominicana, sin efectos positivos en esa cacería.

Un error garrafal estriba en subestimar el ojo ausculto ciudadano, el cual siempre estuvo atento a las figuras y su talante (en toda América) al momento de caer bajo acusaciones y posteriormente pulgar penas (bajo cárcel) y pagar multas cuantiosas, justamente por el mismo caso local, pero aquí sin consecuencias judiciales.

Faltando poco tiempo para presentar una acusación sólida, como la requirió la Magistrada Miriam German Brito, resulta descabellado pensar que en más de un año de investigaciones los arquitectos o parte de la arquitectura mafiosa sean dos (2) periodistas, que si bien no están excusados de responder ante el requerimiento judicial no son los que han laborado junto con Odebrecht desde el momento mismo de su instalación en el país.

Personalmente nunca me ha agrado el jolgorio comunicacional (a favor del gobierno) que siempre presentan estos periodistas, pero debo ser justo en decir que me agrade o no su estilo, estos ejercen la comunicación y si bien tienen que responder y demostrar sus riquezas, así mismo deben responder los consorciados de Odebrecht que ni siquiera han sido mencionados (jurídicamente) en este cobertizo de corrupción.

Tanto Dany como Julio pueden resistir el ajetreo jurídico que se les aproxima y en tal sentido me pregunto: ¿Los consorciados de Odebrecht podrán hacer lo mismo? En el exceso libérrimo que articula el Procurador, éste se convierte en el maestro constructor de una payasería judicial, que además de dejar mal parada (más de lo que ya está) la justicia dominicana, terminará por dejar a todo el mundo en sus casas, cuando sabemos que hay cuota de culpa.

Toda persona o entidad está ubicada debajo de la constitución y las leyes, por ende, cuando los entes legales lo ameriten debe ser interpelado/a dicha persona o entidad. Actuar en contra de uno/as, pero dejando de lado otros/as con mayor nivel de participación en los ilícitos se denominaría como una arbitrariedad, motivada en muchos casos, por razones de orden personal y parcial. La justicia no puede ser manejada así.